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EL PAISAJE COMO SEÑA DE IDENTIDAD Y PATRÓN DE DESARROLLO

A muchos de vosotros (ustedes, en andaluz) os resultará intrascendente el que aquí se afirme con rotundidad, firmeza y hasta con coraje, que una sociedad sin respeto, admiración y defensa a ultranza del paisaje que le acoge está avocada, sin más remisión, a la indolencia, a la mediocridad, a la decadencia y al ostracismo como entidad vital. Pero vayamos por parte; a que llamamos “paisaje”. Según la RAE (Real Academia Española): “es la extensión de terreno que se ve desde un sitio” y, por lo tanto, del conjunto de elementos divisables en dicho plano. En base a esa definición, los expertos nos hablan de cuatro tipos paisajes: naturales, rurales, urbanos y culturales. No es nuestra intención hacer una descripción de cada uno de ellos, ya que los propios enunciados desvelan, más o menos, a que nos referimos. De manera genérica, en este artículo de opinión personal, cada cita al paisaje lo hará en el más amplio y estricto sentido generalista de su consideración.

Puente Nuevo de Ronda
Monumento Natural de Andalucía
Puente Nuevo. Monumento Natural Tajo de Ronda, de interés geológico, ornitológico, etnológico e histórico, asociado a la cultura del agua

De todos es sabido que las administraciones a nivel mundial, europeo, estatal y regional (de Andalucía), han mostrado un cierto interés en el concepto paisaje, ya sea ante el refrendo de convenios y compromisos o en la elaboración de leyes reguladoras y proteccionistas. Por citar algunas, allá por los años 90 del pasado siglo se firma en Florencia el Convenio Europeo del Paisaje, un documento elaborado en el seno del Consejo de Europa cuyo propósito es auspiciar políticas tendentes a proteger, planificar y gestionar los paisajes europeos de cara a su conservación y mejora.

El Instituto del Patrimonio Cultural, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España, en su Plan Nacional define al Paisaje Cultural como “el resultado de la interacción en el tiempo de las personas y el medio natural, cuya expresión es un territorio percibido y valorado por sus cualidades culturales, producto de un proceso y soporte de la identidad de una comunidad». El Estatuto de Autonomía de Andalucía, en su artículo 10.3 establece como objetivo básico “la mejora de la calidad de vida de los andaluces y andaluzas mediante la protección de la naturaleza y del medio ambiente, la adecuada gestión del agua y la solidaridad interterritorial en su uso y distribución, junto con el desarrollo de los equipamientos sociales, educativos, culturales y sanitarios, así como la dotación de infraestructuras modernas”. A su vez, el artículo 28.2 del mismo texto “garantiza el derecho a vivir en un medio ambiente equilibrado, sostenible y saludable mediante una adecuada protección de la diversidad biológica y los procesos ecológicos, el patrimonio natural, el paisaje, el agua, el aire y los recursos naturales”.

Vegetación tipo laurisilva en el Parque Natural Los Alcornocales

El Estatuto Andaluz, en el artículo 195 sobre conservación de la biodiversidad, también dice: “los poderes públicos orientarán sus políticas a la protección del medio ambiente, la conservación de la biodiversidad, así como de la riqueza y variedad paisajística de Andalucía, para el disfrute de todos los andaluces y andaluzas, y su legado a las generaciones venideras”. Además, aprueba leyes como la 7/2010, de 14 de julio, de la Dehesa de Andalucía, y la 9/2010, de 30 de julio, de Aguas de Andalucía.

Los Llanos del Juncal, en el Parque Natural Los Alcornocales, es el último bosque subtropical de Europa

Para que valdrá tanto legajo, dirán algunos, teniendo como precedente el polémico caso del proyecto urbanístico Merinos Norte (Serranía de Ronda), donde en una de las mejores dehesas de la Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves, se talaron miles de encinas, se construyeron viales y se pusieron en serio peligro, en aras de construir urbanizaciones asociadas a campos del golf, los recursos hídricos de toda el área de influencia.

Tampoco aporta mucha garantía para la protección del paisaje el POTA (Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía), que según palabras transcritas de la web de la Consejería de Medio Ambiente: “es un instrumento de planificación y ordenación integral que establece los elementos básicos para la organización y estructura del territorio andaluz. Además, es el marco de referencia territorial para los planes de ámbito subregional y para las actuaciones que influyan en la ordenación del territorio, así como para la acción pública en general” y entre cuyo objetivos leemos: “contribuir a un desarrollo territorial sostenible, cohesionado y competitivo de Andalucía. En este sentido, el ejemplo más claro del compromiso del POTA con el desarrollo sostenible es su apuesta por un modelo de ciudad compacta, funcional y económicamente diversificada. Este patrón tiene un fin claro: generar proximidad y una movilidad asegurada por altos niveles de dotaciones de infraestructuras, equipamientos y servicios de transportes públicos, además de vincular el crecimiento urbanístico a la disponibilidad y suficiencia de los recursos hídricos y energéticos, y adecuar el ritmo de este crecimiento a la efectiva implantación de las dotaciones y equipamientos básicos, los sistemas generales de espacios libres y el transporte público”. Bonitas palabras, elogiables apuestas, pero la realidad y el compromiso no va más allá de meras intenciones.

El macizo de Sierra Bermeja, constituido por peridotitas, es uno de los puntos calientes de biodiversidad en Europa, contabilizando un importante elenco de endemismos botánicos

En el Atlas de Andalucía, elaborado en 2005 por la Consejería de Medio Ambiente, se expresa de manera meridiana, a través de una zonificación del espacio geográfico, un mapa de paisajes que contempla 32 demarcaciones y 422 tipos de unidades paisajísticas, lo que viene a refrendar la notoriedad de Andalucía en el contexto europeo.

En el seno del paisaje andaluz, tanto el patrimonio agrosilvopastoril, como las vías pecuarias y caminos municipales, además de ser bienes públicos y depositarios del devenir histórico de nuestra tierra, son, muy a menudo y para desgracia nuestra, ultrajados, vallados o cortados ante la inacción de las administraciones y, lo peor de todo, ante el manifiesto pasotismo de un amplio sector de la ciudadanía inmersa en otros asuntos mundanos.

No podemos olvidar, por mucho que nos pese, los años “gloriosos” del pelotazo, los tiempos de la vorágine especulativa y destructiva del paisaje, sobre todo en las costas andaluzas, cuando se cimentaba la grave crisis económica del 2008 a base de tramas urbanísticas y de corruptela a nivel institucional, aunque ya fue vaticinada tiempo atrás por esos “demoniacos” grupos ecologistas opuestos al progreso. Llevaban más razón que un santo cuando predijeron la situación de emergencia social que aún hoy día lastramos.

El Espacio Natural de Doñada, el santuario más considerado de Europa, se halla amenazado por la sobre explotación de los acuíferos. Encrucijada clave para las rutas migratorias de aves entre el continente africano y el europeo, supone además el último refugio para numerosas especies en peligro de extinción.

Aunque el panorama es ciertamente opaco, ilusiona ver algunos rayitos de esperanza. La implicación ciudadana ha condicionado, en algunos casos, las políticas de los nuevos gobiernos autonómicos y municipales, acostumbrados como es sabido a la interposición de los intereses partidistas por encima de los generales. Igualmente, frente a los desmanes de los poderes financieros y políticos, los ciudadanos de a pie cada vez se organizan mejor en colectivos que luchan por un nuevo orden y allanan el camino hacia la restitución de la moralidad y la solidaridad como principales ejes de la convivencia. Aún falta el salto cuantitativo, pues, no cabe duda, seguimos demasiado acomodados en la complacencia. En tanto eso pasa, a la lucha por la defensa del paisaje se suman sociedades patrimonialistas, antes ceñidas al ámbito urbano y actualmente con reivindicaciones reorientadas también a la conservación del acervo natural y rural. De la misma manera, las nuevas entidades centradas, en exclusividad, en la defensa de los caminos públicos realizan una labor encomiable, tanto personándose en los procesos judiciales para la recuperación y restitución de los viales públicos, como a nivel divulgativo, exteriorizando a la sociedad la percepción del paisaje como un bien a proteger y como signo identitario.

El desapego generalizado de los ciudadanos ante las indiscutibles peculiaridades del paisaje andaluz evidencia un gran desconocimiento y cierto complejo de inferioridad del que aún no nos hemos despojado, imposibilitando que nuestra Comunidad prospere al nivel de las más avanzadas. Al menos, como signo inequívoco de la importancia del tema tratado, subsisten las innumerables crónicas de aquellos viajeros románticos: centroeuropeos y americanos principalmente, que entre los siglos XVIII y XIX hallaron en tierras andaluzas tema de cultivo para satisfacer la avidez de lectura en la Europa preindustrial, con el paisaje y el paisanaje andaluz como epicentro de las narraciones.

Lavaderos de la Reina. Espacio Natural Sierra Nevada. El agua es un recurso imprescindible para la vida. Desde el periodo andalusí, el hombre ha sabido aprovechar este bien a través de las acequias y acequias de careo, conformando un sistema agrosilvopastoril sostenible que, además, aporta biodiversidad y toda una cultura de la montaña

La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura) es un organismo pertenencia a Naciones Unidas que se esfuerza, en el plano internacional, en acabar con la lacra del hambre en los territorios más desfavorecidos del planeta. En el seno de este grupo de trabajo se fraguó el proyecto: “Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial” (SIPAM), que viene a reconocer “un agro ecosistema habitado por comunidades que viven en una relación intrínseca con su territorio. Estos sitios en constante evolución son sistemas resilientes caracterizados por una biodiversidad agrícola notable, conocimientos tradicionales, culturas y paisajes invaluables, gestionados de manera sostenible por agricultores, pastores, pescadores y poblaciones forestales de una manera que contribuye a sus medios de vida y seguridad alimentaria”.

El Caminito del Rey es uno de los motores económicos del turismo de interior en la provincia de Málaga

El objetivo es crear una red de espacios agrarios únicos y singulares en el ámbito europeo; por ello, el 19 de abril de 2018, en la ciudad de Roma, la comarca malagueña de la Axarquía fue la primera en ser incluida en el listado SIPAM. Este reconocimiento, que en España lo ostentan otras cuatro demarcaciones rurales, reconoce los sistemas agrícolas singulares, así como el patrimonio y la diversidad paisajística, natural y cultural. Para alcanzar tal distinción se han de cumplir ciertos requisitos: “contribuir a la seguridad alimentaria y al sustento de las comunidades locales, contar con una biodiversidad agrícola y con recursos genéticos importantes a nivel mundial e, igualmente, conservar prácticas ingeniosas y una marcada estrategia de gestión con fuertes valores culturales, conteniendo formas colectivas de organización social que den pie a un paisaje excepcional gracias a la gestión humana”.

Mulhacén, la cumbre más elevada de la Península Ibérica. Sierra Nevada alberga paisajes de alta montaña, con el mayor número de plantas exclusivas de Europa

El paisaje es un libro abierto sin principio, ni fin. Es la crónica del acontecer de las actividades humanas que nos definen como pueblo. Es la radiografía de nuestras vidas y esclarece preguntas transcendentales como: de dónde venimos y hacia dónde vamos. El paisaje, en sus distintas acepciones, nos ofrece la oportunidad de crear sinergias económicas transversales fundamentadas en la protección y valorización de los inmersos recursos inherentes a su diversidad y variedad de modelos productivos.

Es indudable que ciertos “poderes ocultos” se han encargado de dormitar, adrede, el interés de los andaluces ante cualquier atisbo que desvele la razón de un territorio que, en palabras de Pedro Ruiz-Berdejo Gutiérrez: “es una nación con sujeto, verbo y predicado”.

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