GARGANTA DE LA VENTILLA. PROPUESTA PARA SU DECLARACIÓN COMO MONUMENTO NATURAL DE ANDALUCÍA
GÉNESIS, LOCALIZACIÓN Y GEOLOGÍA
En el núcleo de las unidades paisajísticas que constituyen la Serranía, la depresión de Ronda es, desde el punto de vista geomorfológico, la huella impresa del antiguo mar de Tetis, cuyo lecho marino se originó como consecuencia de la acumulación, compactación y cementación de sedimentos provenientes de la erosión continental y de los materiales arrastrados por las corrientes de antiguos cursos fluviales. La regresión marina acontecida hace unos 5 millones de años dio lugar a un registro fósil en rocas detríticas y una columna estratigráfica marcadamente heterogénea. El análisis de la cartografía topográfica evidencia que el arroyo de la Ventilla, enclave que nos ocupa, se origina en la franja de contactos litológicos, concretamente en una de las fisuras donde se encabalgan las calizas y la molasa (conglomerados, calcarenitas, areniscas y arcillas). A partir de aquí se hiende en la campiña, siguiendo una orientación sureste-noroeste.

En este marco geológico, los afloramientos de la Garganta de la Ventilla definen una caracterización lítica precisa de facies, cuya estructura intercalada en disposición horizontal, es nítidamente observable en los escarpes del cañón.
Existen otros claros ejemplos del modelado fluvial en este ámbito geográfico; tales son los casos del río Guadalevín (Tajo de Ronda), declarado en 2019 Monumento Natural de Andalucía, y del arroyo de Sijuela (Tajo del Abanico), paraje muy frecuentado por senderistas dada su proximidad a Ronda, cuya singularidad paisajística justificaría la aplicación de esa misma figura de protección ambiental.
LA CUENCA HIDROGRÁFICA
El arroyo de la Ventilla es afluente del río Guadalcobacín, a su vez tributario del Guadiaro, a cuya cuenca, consecuentemente, pertenece. El manantial de la Ventilla, situado bajo el puente de la antigua carretera Ronda-Campillos, da vida al arroyo del mismo nombre, siendo su corriente la encargada de horadar pacientemente el cañón, que llega alcanzar desniveles superiores a los 50 m y una longitud, entre el puente de la Ventilla y Arriate, de algo más de 4 km.

Las aguas de esta surgencia discurren a través de un sistema subterráneo de rocas carbonatadas aportando un caudal medio de algo más de 10 l/s. Nunca se ha secado. El venero cuenta con un recinto de protección, ya que parte del líquido elemento se destina para abastecer las necesidades hídricas de Arriate. La cabecera, situada entre las sierras Blanquilla y de los Merinos (Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves), la conforman los arroyos del Chorrero y del Toro, ambos de marcado carácter estacional. Tanto el uno como el otro se funden aguas arriba, a escasa distancia del manantial. Poco antes de abandonar el gollizo, el de la Ventilla recibe por la margen izquierda dos tributarios: los arroyos de los Picachos y las Culebras.
AYER Y HOY EN EL PAISAJE SERRANO
La depresión tectónica de Ronda representa el sector menos documentado dentro del complejo orográfico de la Serranía. Su relevancia científica ha quedado históricamente eclipsada por la vecindad de enclaves de alta biodiversidad como el Parque Nacional Sierra de las Nieves, el Parque Natural Sierra de Grazalema o el fragoso Valle del Genal (Lugar de Importancia Comunitaria). Debido a su aptitud edáfica y suave orografía, la meseta rondeña presenta un alto grado de antropización, consolidando un paisaje agrario dominado por cultivos de secano y leñosas, principalmente olivares y viñedos. De la vegetación potencial original solo persisten reductos de encinar adehesado y ecosistemas de ribera en enclaves de refugio, como la Garganta de la Ventilla, cuyo microclima y relieve preservan una formación boscosa de alto valor ecológico.

VALORES AMBIENTALES
La situación de este vergel hendido en la tierra contrasta fuertemente con la aridez de los campos que le rodean. La presencia de un curso fluvial constante, arropado por fuertes cantiles y una orientación que recrea exposiciones de solanas y umbrías, permite en tan estrecho margen albergar una biodiversidad envidiable. La humedad se palpa en los rincones más angostos, incluso en verano, cuando en las zonas ribereñas perdura el verdor y la temperatura se atenúa al amparo de las tupidas arboledas.
El libro Catálogo de Plantas de la Garganta del Arroyo de la Ventilla. Arriate, escrito por Juan Ríos Pimentel y editado por el Ayuntamiento de Arriate en 2019, ofrece una excelente muestra de la riqueza botánica de la zona. En sus páginas se catalogan más de 600 especies de flora y una veintena de orquídeas, entre las que destaca la Dactylorhiza elata más alta de España, con 1,5 m.
El estudio del gradiente altitudinal de la zona revela una transición ecológica que va desde el encinar termófilo en los niveles superiores hasta el quejigal en la umbría. No obstante, la comunidad científica destaca, de forma unánime, el bosque de galería del arroyo de la Ventilla como uno de los exponentes más representativos de la Serranía de Ronda. Esta formación riparia, integrada por géneros como Salix, Populus y Fraxinus, y revestida de plantas trepadoras y densos helechales en el sotobosque, confieren al ecosistema un aspecto de selva templada. Cabe subrayar la presencia de una de las olmedas más singulares de la provincia de Málaga, que persiste como un relicto de alto valor a pesar de la acción fúngica que la acecha. La variedad del catálogo botánica incluye vegetación rupícola especializada en afloramientos rocosos y las comunidades de matorral heliófilo y aromático que colonizan las solanas, actuando como ecotono entre los espacios agrarios y el núcleo forestal.
La avifauna constituye el pilar de la biodiversidad local, coronada por la presencia del búho real, el mayor de nuestros depredadores alados. Mientras que los cortados rocosos sirven de refugio estratégico para el cernícalo vulgar, el roquero solitario, el avión roquero y el cuervo, la vida estalla con mayor densidad en el bosque de ribera y laderas adyacentes. El denso follaje oculta especialistas como la oropéndola, el martín pescador y otras pequeñas aves, esquivas a la vista, como el carbonero común, el herrerillo común, la curruca capirotada, el zarcero común, el mosquitero común o el chochín que podremos identificar a través de un mosaico de cantos que indican la salud ambiental del bosque.

La complejidad estructural de la Garganta de la Ventilla sustenta una comunidad de mamíferos carnívoros altamente representativa del monte mediterráneo. En sus espesuras, mesodepredadores como el tejón, el zorro, la gineta y el meloncillo desempeñan un papel crucial en el control trófico.
Por su parte, la herpetofauna destaca por su diversidad; el lagarto ocelado, la lagartija colilarga y la salamanquesa común ocupan los estratos más térmicos; en tanto, el grupo de los ofidios cuenta con la sigilosa culebra viperina, estrechamente ligada al medio acuático, y la culebrilla ciega, de hábitos hipogeos. En las zonas de mayor humedad, la presencia de anfibios como el sapo común, la rana común y la salamandra confirma la calidad ambiental de estos refugios.
El medio fluvial, aunque presenta una ictofauna discreta, alberga un valor biogeográfico excepcional: el bordallo o cacho malagueño, endemismo de las cuencas malagueñas y gaditanas. No obstante, el equilibrio acuático enfrenta retos de conservación significativos. El cangrejo de río (autóctono) antaño dominante, se encuentra hoy en una crítica lucha por la coexistencia frente a la presión del cangrejo rojo (introducido). La limitada disponibilidad de biomasa acuática explicaría el carácter esporádico de la nutria, que visita el cauce de forma nómada sin llegar a establecer un territorio permanente debido a la escasez de sus presas predilectas.
VALORES ANTRÓPICOS
A la singular diversidad biológica de la Garganta de la Ventilla se suma un valioso patrimonio antrópico. Resulta fascinante como este enclave, de orografía aparentemente indómita, concentra tal mosaico de usos agropecuarios e industriales que lo consolida como un paisaje cultural de sorprendente riqueza histórica.

El estudio de la huella humana en la zona comienza necesariamente con la gestión del agua, ejemplificada en la industria molinera, que aprovechó el régimen de caudal permanente del arroyo de la Ventilla. Aún hoy, los restos de los molinos Cantos, de la Mirla, Miramón y Quemado o Verde se erigen en testigos de esta ingeniería tradicional que fue destinada a la producción harinera. Los ingenios, situados en las pequeñas vegas, convertían la energía cinética del cauce en fuerza motriz mediante un sistema de azudes (pequeñas presas) y acequias. El agua, conducida hasta el cubo del molino, generaba por gravedad la presión necesaria para activar el mecanismo de molienda.
Más allá de su función productiva, los azudes, conocidos localmente como plozos o plozillos, antaño desempeñaron otro importante cometido, transformarse durante el estío en piscinas naturales que permitieron a la comunidad mitigar el rigor térmico estival. Las acequias, por su parte, vertebraron el entramado hidroagrario con otra interesante finalidad: derivar el líquido elemento hacia las pequeñas vegas adyacentes para el riego de huertas y frutales. Esta compleja red, cuyo origen se remonta al periodo andalusí, constituye un excelente ejemplo de la cultura del agua en la montaña mediterránea. Sin embargo, este modelo ancestral de gestión sostenible sufre el embate de los nuevos y agresivos usos agrarios que, en el caso que nos ocupa, derivó en el éxodo rural y abandono de las tareas tradicionales. Hoy, las ruinas de albercas, azudes, acequias y molinos no son piedras olvidadas, sino el testimonio vivo de nuestra historia en pleno proceso de naturalización.
En otro orden de cosas, la accidentada geografía del cañón revela la huella de hasta nueve caleras, esos hornos tradicionales destinados a la obtención de cal viva, mediante la cocción a elevadísimas temperaturas de las abundantes piedras calizas del entorno. El proceso culminaba con la preparación de la cal apagada al hidratar el compuesto. Sus aplicaciones son tan versátiles como esenciales en la cultura constructiva local, desde el blanqueo de fachadas y la elaboración de morteros de gran resistencia, hasta su uso como agente biocida para la desinfección de frutales y establos.
Un aprovechamiento menos conocido de estos hornos construidos con muros de piedra seca, fue la producción de un resistente hormigón de travertino y cal. El travertino es una roca sedimentaria de origen químico, formada en entornos de gran humedad por la precipitación de carbonato cálcico sobre sustratos rocosos o restos vegetales. La concurrencia del arroyo de la Ventilla y de numerosos veneros favorece la abundancia de este material. Para la elaboración de este hormigón histórico se empleaba cal hidraulica obtenida a partir de calizas con contenido de arcilla inferior al 25%. Al combinarla con arena, agua y grava de travertino se lograba una argamasa de gran durabilidad. Este compuesto se utilizaba en el revestimiento de fachadas y pavimentos.
La Garganta de la Ventilla es también un reflejo de la agrodiversidad. Hasta tiempos no tan lejanos imperó un modelo de economía circular y subsistencia basado en el policultivo funcional. La integración de la ganadería extensiva, con piaras de cerdos y rebaños de cabras, junto a las huertas de ribera, olivares y los terrenos de secano para cereal, no solo garantizaban el autoabastecimiento familiar, sino que generaba una red de trueque y comercio de cercanía basada en el aprovechamiento integral del excedente.
Caminar por la Garganta de la Ventilla es como dar un paseo por nuestra historia más reciente. Al deambular por sus intrincados senderos descubriremos infraestructuras silvopastoriles que fueron el corazón latente de la vida cotidiana. Fuentes como de los Gorrinos, los Cañolillos, la Tejilla o el emblemático manantial de la Ventilla, que ahora apaciguan la sed de caminantes y senderistas, antaño dictaban el ritmo de los moradores y sus ganados.
A ambos flancos del cañón, el paisaje nos susurra un pasado industrial y agrícola que la naturaleza se afana en reclamar. Es sobrecogedor hallar las viejas caleras hoy vestidas de terciopelo por el verdín y los líquenes, o las acequias silenciadas, ahora colmatadas por el tiempo y la hojarasca. Allí donde antes reinaba el ager, el espacio dominado por la mano del hombre, los antiguos bancales apenas se intuyen bajo la densa fronda que los abraza.
Sin embargo, el testimonio más conmovedor es el de los frutales (olivos, nogales, moreras, higueras, naranjos y azufaifos) que emergen de la maraña vegetal como náufragos del tiempo. No son simples árboles; son huellas genéticas vivas, los últimos centinelas de un sistema de vida que, aunque hoy nos parezca increíble, convirtió este escarpado refugio en un vergel de riqueza natural y sustento
EL CASO DE LAS CASAS CUEVAS
Las cortaduras y tajos que jalonan el arroyo de la Ventilla, con alternancia horizontal de rocas duras y blandas, no pasaron desapercibidas para los primeros pobladores de estos predios. Los abrigos rocosos, originados mediante procesos de erosión diferencial (eólica y fluvial), constituyeron el núcleo del fenómeno troglodítico en la Garganta de la Ventilla; un hecho que no es ajeno en nuestra comarca natural. Setenil de las Bodegas es el paradigma de la simbiosis entre geología y urbanismo.
Las cavidades naturales más importantes se hallan en la margen derecha de la Garganta de la Ventilla, bajo los cantiles de la parte superior. Algunos de estos abrigos fueron escavados sobre las areniscas con la idea de ganar espacio. Durante un largo periodo y hasta tiempos recientes, han tenido diversos usos: refugios de pastores, apriscos para el ganado y casas-cueva.
El exponente más representativo de esta tipología habitacional es la denominada casa-cueva del Piturro, cuyo paramento exterior está ejecutado en mampostería y revestido mediante un enlucido de cal de considerable grosor. El acceso a la vivienda se articula a través de una antesala flanqueada por dos estancias menores destinadas a funciones domésticas: el área del horno y la cocina. El espacio interior se distribuye en dos cámaras principales; la habitación de mayores dimensiones, situada a la derecha, se identifica como el área social o de convivencia familiar, mientras que la contigua, de menores proporciones, parece un dormitorio. Ambas conservan restos de pavimentación y cuentan con iluminación natural mediante vanos individuales. Una escalera interna comunica con el altillo, que abarca la totalidad de la planta, provisto de un amplio ventanal. Si bien este espacio superior pudo albergar una zona de descanso secundaria, su morfología sugiere un uso preferente como almacén de utillaje y suministros de carácter estacional.

Otras covachas adyacentes, de menores honduras, habrían desempeñado uso para la estabulación de ganado. Esta hipótesis se ve refrendada por la presencia de algunos pesebres. El conjunto se completa con las ruinas de otros cinco inmuebles que aún jalonan el perfil de la cornisa, evidenciando un asentamiento de mayor densidad poblacional.
El sendero que articula este conjunto de viviendas trogloditas se caracteriza por su angostura y proyección al abismo de la garganta. Esta disposición, de naturaleza tanto pragmática como pintoresca, obedece a una estrategia de optimización de recursos: el bajo coste constructivo se deriva de aprovechar la cavidad natural, que está donde está, limitando la intervención técnica al cerramiento perimetral y a la adecuación volumétrica interna. Asimismo, este emplazamiento en altura constituye una medida preventiva frente a las avenidas del arroyo, garantizando simultáneamente la proximidad a las huertas ubicadas en las vegas y bancales, y a las zonas de pastoreo. Se trata, en esencia, de una solución regida por criterios de economía de subsistencia.


Junto al arroyo hallamos otra vivienda troglodita asociada al molino Cantos. Cuenta igualmente con zona de pesebres. La cercana cueva de las Culebras, formada por la erosión fluvial en uno de los meandros del antiguo río, cuenta con alguna infraestructura pastoril muy deteriorada y tapada por una enorme higuera. Esta enorme covacha posee una belleza estética que se ve acrecentada por el adorno de estalactitas y estalagmitas.
En la otra margen de la garganta se asoma la cueva de Vigía, de escasa dimensión y profundidad. Su ubicación es un tanto sorprendente: bajo un cantil de difícil acceso y muy por encima del arroyo. Según algunas fuentes consultadas, en su interior encontraron utensilios de tiempos prehistóricos, aunque no hemos encontrado referencias bibliográficas debidamente contrastadas.
Más allá de su uso práctico, estas covachas albergan un profundo legado espiritual. Diversas publicaciones sugieren que fueron ocupadas por morabitos, ascetas de gran influencia en el islam rural, que buscaban en la soledad estos parajes, un espacio consagrado a la oración y el culto. Las cuevas de San Antón, en las proximidades de Ronda, son un buen ejemplo de ello: un conjunto monástico rupestre erigido por los mozárabes en el siglo IX que ha mantenido su esencia mística durante estos últimos mil doscientos años.

En base al desconocimiento y falta de estudios, se nos antoja imprescindible profundizar en el análisis etnográfico de los diversos usos antrópicos vinculados a las cavidades de nuestro paraje. Este patrimonio, todavía envuelto en un injusto olvido, representa una excelente oportunidad para aquellos estudiantes que deseen centrar su “Trabajo Fin de Grado” en rescatar del olvido fragmentos clave de nuestra historia local.
CÓMO RECORRER LA GARGANTA DE LA VENTILLA
Aun tratándose de un enclave de dimensiones modestas, algo más de 75 hectáreas, el entorno está surcado por una intrincada trama de caminos que recorren longitudinalmente los distintos niveles altimétricos, desde la ribera, al perímetro de las casas cuevas y el borde superior. Igualmente se garantiza la conexión de ambas orillas a través de vados y pontones. Esta densa red de senderos constituía el eje de la vida social y económica, integrando en el paisaje cultural elementos clave como los molinos, las huertas, los alfanjes destinados al carboneo tradicional, las caleras y las áreas de pastoreo. A día de hoy, algunos de estos viales, tras el abandono de las actividades rurales, han desaparecido bajo la maraña vegetal. Los más agraciados, perviven gracias al trasiego de caminantes y senderistas.

Tanto desde Arriate como desde el Puente de la Ventilla, los dos extremos de la Garganta, contabilizamos los siguientes caminos públicos municipales:
- Sendero del Molino Cantos
- Camino de Molino Verde
- Camino de la Cueva
- Camino Huerta María Nieves
- Camino de Panabarro
- Camino de la Tejilla
- Camino Viejo La Ventilla – Las Fatigas
- Camino a la Ventilla
Dos senderos homologados, sin mantenimiento por parte del Ayuntamiento de Ronda, recorren la garganta o parte de ella:
- PR-A 250 Ronda – Arriate
- SL-A 35 Ronda – Puente de la Ventilla
EL PUENTE DE LA VENTILLA
Entre los hitos arquitectónicos que jalonan este paraje, destaca el puente de la Ventilla, integrado en el trazado de la antigua carretera Ronda-Campillos. Construido en el primer tercio del siglo XX, esta obra de ingeniería, de bella factura, presenta un único arco de medio punto que se eleva hasta los 25 metros sobre el cauce. Actualmente, la propia estructura del viaducto se ha convertido en un recurso recreativo. Su bóveda alberga un rocódromo y es escenario habitual de actividades de turismo activo, tales como el puentismo o el rápel en volado. La llanura existente a sus pies es el antiguo abrevadero-descansadero donde confluyen las vías pecuarias Cañada Real de Granada y Córdoba y Cordel del Camino de los Pescadores. Ocupa una superficie de 0,7 ha.

Este remanso de paz, erigido sobre la cabecera del cañón, descansa envuelto en un tapiz de dehesas, trigales y viñedos que cambian con el pulso de las estaciones. Es, desde siempre, lugar de encuentro para los serranos y el umbral desde donde parten quienes se ejercitan realizando senderismo. Aún resuena en la memoria de este paraje aquellos veranos de acampada libre, cuando el eco de la juventud buscaba el alivio de la charca bajo el rigor del estío. Actualmente, este enclave aguarda silencioso una justa puesta en valor; un renacimiento que lo rescate de su actual olvido para devolverlo a la ciudadanía como un espacio público de referencia.
POR QUÉ DEBE SER MONUMENTO NATURAL DE ANDALUCÍA
La Garganta de la Ventilla juega un importante papel como corredor ecológico entre las estribaciones de la Sierra de las Nieves y el Valle del Guadalcobacín. Por otra parte, la confluencia de sus innegables valores geológicos, botánicos y etnográficos es un imperativo que justifica la necesidad de dotarla de una figura de protección que garantice la conservación de su biodiversidad y la divulgación de su singularidad en el contexto comarcal.

No soy, ni mucho menos, el primero en alzar la voz en favor de esta causa. Ya en 1994, la publicación Serranía de Ronda. Una cuestión de todos. Apuntes para un Plan de Desarrollo Rural, editada por el desaparecido Centro de Desarrollo Rural de la Serranía de Ronda, señalaba con claridad la conveniencia de declarar la Garganta de la Ventilla como Monumento Natural.
Aquel planteamiento no fue una ocurrencia pasajera, sino la expresión de una visión compartida y adelantada a su tiempo: entender que la protección de nuestros enclaves más valiosos no es un freno, sino el cimiento de un desarrollo rural sólido, respetuoso y duradero. Retomar hoy aquella propuesta es, en cierto modo, recoger el testigo de quienes ya supieron ver en este paraje no solo un paisaje admirable, sino un patrimonio común que merece el máximo reconocimiento y amparo
En el portal de medioambiente de la Junta de Andalucía leemos la siguiente definición: “Los Monumentos Naturales de Andalucía son espacios o elementos de la naturaleza constituidos básicamente por formaciones con notoria singularidad, rareza o belleza, que merecen ser objeto de una protección especial, y las formaciones geológicas, los yacimientos paleontológicos y demás elementos de la gea que reúnan un interés especial por la singularidad o importancia de sus valores científicos, eco culturales o paisajísticos. Los Monumentos Naturales se clasifican en Geológicos, Bióticos, Geográficos, Eco culturales y Mixtos. Bajo la figura de protección de Monumento Natural tienen cabida aquellos espacios y elementos que ya gozan del reconocimiento y aprecio de la población por los valores naturales singulares que presentan. En esta figura pueden participar distintas administraciones y propietarios, implicando así a la ciudadanía en la protección de su patrimonio natural y cultural”.
Después del somero análisis ambiental y patrimonial, se confirma que la Garganta de la Ventilla reúne los valores ecológicos y paisajísticos necesarios para su integración en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía.
ARRIATE Y SU COMPROMISO EN LA PUESTA EN VALOR DE LA GARGANTA DE LA VENTILLA
Desde estas páginas reconocemos el firme compromiso del Ayuntamiento de Arriate, que ha sabido identificar y proteger los extraordinarios valores ambientales de la Garganta de la Ventilla, entendiendo además la oportunidad que este enclave ofrece para favorecer una vida saludable y para impulsar un modelo de turismo de calidad, vinculado a la naturaleza y al patrimonio rural.
Resulta especialmente admirable la continuidad de sus campañas de educación ambiental, que contribuyen a fortalecer la conciencia ecológica de la población local y visitante. Del mismo modo, es destacable el cuidado y mantenimiento de su red de senderos y caminos públicos, así como la incorporación de infraestructuras que facilitan el conocimiento y disfrute responsable de este paraje singular. Diversos miradores paisajísticos, áreas de descanso, el observatorio ornitológico, el sendero señalizado “Arroyo de la Ventilla”, los distintos paneles interpretativos sobre fauna, flora y patrimonio etnográfico, el busto dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente o el recientemente inaugurado Centro de Interpretación, dan fe de ello. En conjunto, estas iniciativas consolidan a la Garganta de la Ventilla como un referente comarcal en conservación, divulgación ambiental y desarrollo rural sostenible.
Como concejal de Medio Ambiente del Excmo. Ayuntamiento de Ronda, tuve el privilegio de impulsar, junto a los técnicos municipales y a los principales colectivos ambientales de la ciudad, el expediente que culminó con la declaración del Tajo de Ronda como Monumento Natural. Aquella experiencia demostró que, cuando existe voluntad y colaboración, contamos con el conocimiento, la capacidad técnica y el compromiso social necesarios para alcanzar metas ambiciosas en la protección de nuestro patrimonio natural.
CONCLUSIÓN
Hoy, en un tiempo en el que las adversidades y las catástrofes son capaces de tender puentes entre sensibilidades políticas diversas, sería un gesto ejemplar y profundamente inspirador, que los Ayuntamientos de Arriate y Ronda aunaran esfuerzos para iniciar el camino hacia esta figura de protección, tan necesaria como merecida. Sería, además, una declaración de futuro: la confirmación de que la defensa de nuestros paisajes más valiosos está por encima de cualquier diferencia y forma parte de un proyecto común de territorio.
AGRADECIMIENTOS
Sería injusto no reconocer la generosidad y el profundo amor por la naturaleza serrana de tres personas que han contribuido de manera decisiva en la elaboración de este artículo, compartiendo información y experiencia: Juan Ríos Pimentel, Salvador Ramírez Marín y C. Carlos Guerrero Barragán. A todos ellos, muchas gracias.
Quiero cerrar estas líneas con un agradecimiento sincero al Centro Andaluz de Ronda por brindarme la oportunidad de compartir en sus páginas reflexiones y propuestas en defensa de nuestro patrimonio natural. Espacios así no solo difunden conocimiento, sino que siembran conciencia y compromiso.
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