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CRÓNICAS DE LA TORRECILLA O EL TORRECILLA

Sin ninguna clase de duda, mi montaña favorita, mi confidente, la que siempre está ahí, la que nunca falla. Mi primera ascensión al Torrecilla tuvo lugar en la primavera de 1979. Desde entonces, la he visitado en numerosas ocasiones, en diferentes estaciones y con diversas climatologías. La más de las veces la he atacado desde Quejigales y el puerto del Saucillo, pero también me he aventurado desde otras localizaciones, como desde Puerto Corona por la loma del Pino, los Oreganeros o la Colaílla del Tejo y desde la cara oeste por los Gorrinos, la cañada de Pilones o el abismal Paso del Cristiano. Algunas de las ascensiones me traen muy grato recuerdo, caso de la que realicé en 1991 desde el casco urbano de Tolox. Una ofrenda en acción de gracias tras superar una fuerte neumonía. En otra ocasión, más concretamente en febrero de 2002, hallamos la ladera norte del Torrecilla con más de un metro de nieve acumulada. Ese resplandeciente día componíamos la expedición Francisco Gil de Montes y mi hermano Manuel que, a la postre, fue el único que consiguió hacer cumbre… las ganas del novato. Fue su primera vez.

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UN LARGO CAMINO HACIA LA PROTECCIÓN DE LOS PINSAPARES RONDEÑOS

Una de las primeras citas sobre el Monte Pinsapar de la Sierra de las Nieves, de Propios de Ronda, la hallamos en las Ordenanzas Municipales del año 1508, donde se expresa la prohibición de cortar pino rollizo, ni rama, y que no sea para aserrar…

En pleno apogeo del imperialismo español, Felipe II diseña la Empresa de Inglaterra de 1588, más conocida como Armada Invencible, cuya meta era acabar con un incómodo competidor. Para tal fin el monarca refuerza la escuadra real con la construcción de numerosos galeones, adquiriendo 98 docenas de tablas de pinsapo destinadas a las divisiones de los compartimentos de algunos de los 127 buques de guerra.

 

Remontándonos a mediados del siglo XVIII, un periodo ciertamente convulso en el Reino, el marqués de la Ensenada, secretario de guerra del soberano Fernando VI, envía a los visitadores de montes para llevar a cabo un inventario de los árboles existentes en los baldíos, dehesas reales y montes de los pueblos adscritos a la Marina, entre los que se encuentra el Monte Pinsapar de la Sierra de las Nieves. Curiosamente, no tenemos los datos registrados en la finca rondeña; aunque si sabemos que se contabilizan 1.195 pinsapos en la Serranía de Villaluenga y unos 3.000 ejemplares en Sierra Bermeja; árboles, en parte, llamados a satisfacer las imperiosas necesidades de la Armada Española.

 

Años más tarde, en 1775, Carlos III contrata los servicios de Guillermo Bowles, un naturalista irlandés contratado llamado a realizar un inventario de las riquezas naturales del Reino, especialmente de las geológicas, dado el creciente interés estatal en las explotaciones mineras. El informe señala la presencia de abetes (en francés) en Sierra Bermeja.

Muy jugosas son las narraciones de Simón de Rojas Clemente y Rubio, botánico valenciano apodado el sabio moro por vestir con atuendos orientales, quien durante 1804 y 1809 realiza un viaje por Andalucía, visitando la Serranía de Ronda entre agosto y octubre de este último año. A Rojas debemos la descripción del pinsapo como nueva especie, aunque el gran botánico suizo Edmond Boissier, bautizado como padre de la botánica andaluza, publicó la obra Voyage botanique dans le Midi de l`Espagne pendant l`année 1837, dando a conocer a las instituciones científicas el descubrimiento del pinsapo con el nombre de Abies pinsapo Boiss.

Atraídos por los escritos de estos dos magníficos conocedores de la flora andaluza, se sucederán las visitas nuestra comarca. Uno de estos científicos es Moritz Willkomm, quien en 1882 recorre la Serranía y contrasta la evolución del pinsapar, que unos años después de las observaciones de Boissier, ya muestra un importante retroceso. En su libro, Las Sierras de Granada, dice textualmente: Desgraciadamente, los bosques de pinsapo disminuyen cada vez más y quién sabe si aquéllos que atravesé hace 37 años aún existirán. Ya por aquel entonces los entendidos criticaban y reprendían contra los bosques explotándolos sin previsión alguna, sin hacer lo más mínimo para su rejuvenecimiento, dejando todo a cargo de la naturaleza.

A pesar de la presencia de guardas, desde al menos 1809, en el Monte Pinsapar, propiedad del Ayuntamiento de Ronda, la actividad ilícita del carboneo y el pastoreo, además de las podas ilegales de ramas de pinsapo para tapar los pozos de nieve, llevaron a las masas rondeñas a una situación extrema.

La primera llamada de atención sobre el deplorable estado del pinsapar viene de la mano de Antonio Láynez, ingeniero de montes al servicio de la Corona, el cual realiza un concienzudo trabajo para la ordenación y aprovechamiento de los pinsapares rondeños. Por aquellos años, hablamos de 1858, el Ayuntamiento de Ronda pasa por una mala circunstancia económica que le conduce a rentabilizar todos los recursos posibles de sus montes; de ahí la solicitud a la reina Isabel II para autorizar la venta de árboles secos y leñas. El estudio deja entrever la pésima situación del pinsapar: sin regeneración alguna, contabilizándose 26.000 ejemplares, la mayoría de ellos muy viejos.

Máximo Laguna, ingeniero de montes y quizás el mejor botánico español de todos los tiempos, en su obra cumbre, Flora Forestal Española, publicada en 1867, ya apunta sobre las posibilidades de regeneración del pinsapar si se deslinda, amojona y vigila seriamente; pero, sobre todo, si el Estado se decide a adquirirlo. De estas aseveraciones, deducimos la manifiesta dejadez del Consistorio rondeño sobre este monte municipal.

Relatos más cercanos en el tiempo nos dan pistas sobre los derroteros del pinsapar, cuya madera es usada en las barreras de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda (1779-1785), en los andamiajes para la construcción del Puente Nuevo de Ronda (1759-1793), o en las traviesas de la línea férrea Algeciras-Bobadilla (1890). No se entiende pues ese dicho famoso que dice: Eres más malo que la madera de pinsapo.

También se talan pinsapos hasta fechas recientes para obtener vigas usadas en la construcción de casas y cortijos, para el uso de las ramas en forma de cruz en las procesiones de la Semana Santa de Estepona, como adorno en algunas fiestas de pueblos del Alto Genal o como árbol de Navidad en ciudades como Ronda, cuyo Ayuntamiento colocaba cada año un pinsapo de gran tamaño en la plaza del Teniente Arce. Precisamente, a D. Julián de Zulueta, científico de reconocido prestigio, primer presidente de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra de las Nieves y ex alcalde de Ronda, debemos el que se acabara con dicha tradición, más propia de países septentrionales. Si sumamos las incidencias de actividades como el carboneo, el pastoreo intensivo o la minería, no es difícil hacerse una idea de la situación de los pinsapares rondeños a principios del XIX.

Las voces que claman protección para los pinsapares son cada vez mayores y se suceden entre mediados de los siglos XIX y XX. Científicos de la talla de Barbey, Ceballos, Vicioso, Martín Bolaños, Roger Ducamp o Gross manifiestan la necesidad de proteger las masas de pinsapar. En el año 1914, el ingeniero de montes Eladio Caro realiza un inventario de la riqueza forestal del pinsapar rondeño y reivindica la catalogación del mismo como Monumento Nacional. En la revista Peñalara del año 1927, órgano de expresión de la Real Sociedad Española de Alpinismo, J. Díaz Duque firma un artículo titulado Por la Serranía de Ronda, en el que solicita la declaración de la sierra de Tolox como Parque Nacional. En 1930, José Cuatrecasas publica en el Butlletí de la Institució Catalana d´Historia Natural, 2ª serie, un artículo titulado Una visita al pinsapar de Sierra de la Nieve, donde dice literalmente: Hace ya tiempo que una sociedad y elementos culturales de Málaga se interesan porque el pinsapar sea declarado Parque Nacional.

Ante el rosario de peticiones sucedidas en el tiempo, no es de extrañar que las autoridades rondeñas tomaran alguna iniciativa al respecto. Gracias al hallazgo por parte de Clotilde Mozo, la eficiente archivera municipal, de cuatro documentos del año 1934, sabemos del interés de nuestro Ayuntamiento por proteger el Pinsapar de la Sierra de las Nieves bajo la figura de Sitio Natural de Interés Nacional. Resumidamente, esto es lo que podemos leer en dichos legajos:

1º Comisaria Parques Nacionales: Acuse de recibo, de fecha 21 de enero de 1934, enviado por D. Manuel Montero, secretario asesor de la Comisaría de Parques Nacionales al ayuntamiento de Ronda donde se expresa la gratitud del director general de Montes, Pesca y Caza por las facilidades prestadas por nuestro Ayuntamiento para la declaración del Pinsapar de la Sierra de las Nieves con Sitio Natural de Interés Nacional. Del documento se desprende que el acuerdo municipal para instar a esta declaración, se produjo el 12 de enero de 1934.

2º y 3º Comisaria Parques Nacionales: Los agradecimientos, fechados el 27 de diciembre de 1934, del director general de Montes, Pesca y Caza, y del secretario asesor de la Comisaría de Parques Nacionales al alcalde de Ronda por la hospitalidad recibida en la visita oficial al Pinsapar de la Sierra de las Nieves.

4º- Comisaria Parques Nacionales: Carta de agradecimiento de D. Pablo Homs, presidente del Sindicato de Iniciativas, tras recibir por parte del alcalde de la ciudad, D. Antonio A Salcedo Berlanga, unas fotografías de la visita al Pinsapar de Ronda con miembros de la Comisaría de Parques Nacionales.

Todo parece indicar que la irrupción de la Guerra Civil dio al traste, tanto con esta interesante iniciativa municipal como con el ambicioso proyecto del Gobierno de la II República (1936), que pretendía la ordenación forestal de Sierra de las Nieves, contemplando la construcción de senderos, caminos y casas forestales; la restauración hidrológica de las cuencas y la repoblación del monte con diferentes especies, entre ellas el pinsapo.

En el año 1945, el Estado adquiere por una cantidad superior a diez millones de pesetas el Monte Pinsapar de la Sierra de las Nieves, hasta entonces de los Propios de Ronda. Lo cierto es que más que una compra, se trató de condonar parte de la enorme deuda contraída por el Consistorio rondeño. Este momento marcará un importante punto de inflexión en el devenir de los bosques de pinsapos, pues se acentúan las medidas protectoras sobre el bosque y se lleva a cabo una ordenación más rigurosa del monte. En 1948, los pinsapares rondeños se encuadran dentro del Coto Nacional de Caza de la Serranía de ronda, reconvertida en 1972 en Reserva Nacional de Caza de la Serranía de Ronda, que posteriormente, en 2003 pasara a llamarse Reserva Andaluza de Caza de la Serranía de Ronda. Pero el momento histórico que viene a satisfacer las demandas proteccionistas de tantas generaciones, se produce en julio de 1989, cuando Sierra de las Nieves es declarada por la Junta de Andalucía: Parque Natural. Los reconocimientos se van sucediendo y en 1995 es la UNESCO, a través del Comité Mab sobre el Hombre y la Biosfera, quien designe a este territorio como Reserva Mundial de la Biosfera.

En 2012, junto a otros representantes municipales, fuimos invitados a una reunión informativa de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra de las Nieves celebrada en el camping municipal de Parauta. En tan emblemático lugar, el director conservador del Parque Natural Sierra de las Nieves, D. Rafael Haro, dio a conocer la intención de iniciar los trámites para conseguir la declaración de Parque Nacional. Después de años de lucha y trabajo, especialmente de los municipios que integran la Mancomunidad de Municipios Sierra de las Nieves, más los ayuntamientos de Parauta, Benahavís y Ronda, todo hace indicar que tendremos justa recompensa en el discurrir de este raro 2021.